El uso de papel moneda, de las letras de cambio, de los cheques o de billetes de banco (dinero fudiciario) de abrió camino muy lentamente y siempre con la condición de la libre convertibilidad en oro o plata de cualquier sustituto de la moneda real.
El dinero fiduciario permitió mayor facilidad en el transporte y menor riesgo.
El surgimiento en el siglo XIX de un sistema monetario basado en el dinero bancario, siempre que ésta fuera convertible en oro, requería que en cada país existiera un banco central que regulara el sistema mediante el establecimiento de un valor fijo de conversión oro del papel moneda nacional (la divisa del país). Ese valor de conversión se llamó paridad, la cual era fija.
Esto conlleva problemas porque aumenta la necesidad de moneda en el mundo y hay una dificultad para aumentar las reservas de oro.
El sistema de paridades fijas en oro tenía dos funciones:
- Lograr la máxima estabilidad de cambios en los mercados de divisas reduciendo los costes de transacciones en el comercio o las finanzas internacionales.
- Mantener la máxima estabilidad de precios interiores evitando una inflación diferencial de cada país respecto los demás que erosionara su competitividad internacional.
- Lograr la máxima estabilidad de cambios en los mercados de divisas reduciendo los costes de transacciones en el comercio o las finanzas internacionales.
- Mantener la máxima estabilidad de precios interiores evitando una inflación diferencial de cada país respecto los demás que erosionara su competitividad internacional.
Ambos objetivos obedecían al propósito de fomentar la globalización económica.
David Hume estableció que un sistema monetario internacional basado en el patrón oro se equilibraría automáticamente: Los países con balanza comercial deficitaria perderían oro, que ganarían los países con superávit. Eso disminuiría la oferta monetaria en los primeros, reduciendo su nivel de precios (deflación). El aumento de monedas de oro en circulación generarían inflación en los segundos. La deflación volvería ha hacer competitivas las exportaciones de los primeros y la inflación los reduciría en los segundos.
Pero el ajuste pasaría por el tipo de interés: El país con la moneda depreciada en los mercados de divisas experimentaría una salida de oro a través del arbitraje. La pérdida de reservas en oro obligaría al banco central a aumentar el tipo de interés interbancario. Los bancos comerciales también aumentarían los tipos de interés, ancareciendo y reduciendo el crédito a sus clientes.
Se instauraron unas políticas de ajuste deflacionario que supuso el sacrifio del equilibro económico interior a los imperativos del equilibrio exterior.

Un ejemplo de sistema monetario con parida fija es la UEM y el euro, donde el principal objetivo es conseguir también la estabilidad de precios. Este supone de igual forma, entre otras ventajas, la disminución de costes de transacciones con los países de la zona euro. Pero comporta la imposibilidad de realizar políticas a nivel nacional, con lo cual cada Estado, de manera individual no podrá alterar los tipos de cambio para responder a crisis económicas temporales (como la que nos encontramos actualmente) ni modificar de modo unilateral los tipos de interés nacionales.
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