
Este período se caracteriza por el comienzo de una expansión militar y comercial que supondría el dominio de gran parte del mundo en beneficio de Europa. Esto fue gracias, en parte, de grandes descubrimientos como el de América (Colón) y la India (Vasco de Gama). Sin embargo, sólo fue posible una financiación suficiente y el establecimiento del espacio bajo dominio económico europeo con la explotación de América.
El resultado de la formación de dicho espacio supuso la aparición de la división internacional del trabajo. Este crecimiento del comercio se debió a la ampliación de la área comercial. Creció especialmente el intercambio de productos primarios: grano del Báltico, lana de Castilla, sal y vinos de procedencia varia.
Es importante destacar la evolución de algunos sectores secundarios como la minería (martinetes, trituradoras o procedimientos químicos), la siderurgia (alto horno, la máquina de estirar alambre, los rodetes de laminar y la cortadora de metales), la construcción naval (aumento de la capacidad de transporte, encabezado por Holanda) y la industria textil (nuevos tipos de paños los cuales exigían menos materia prima, menos trabajo y menos instalaciones).


La última evolución anterior a la Revolución Industrial fue la aparición de la fábrica. Esta aparece cuando el aumento de la demanda pone de manifiesto los inconvenientes de la industria en el campo: dificultades para organizar la producción y para controlar la calidad.